
En los últimos años, el sarampión ha resurgido con fuerza en diversas partes del mundo, desmintiendo la creencia de que es solo una "enfermedad infantil" sin consecuencias graves. La creciente ola de desinformación sobre las vacunas ha dejado a millones de personas vulnerables, y los casos en adultos están aumentando. ¿Por qué está ocurriendo esto y cómo podemos protegernos?
Aunque el sarampión había sido prácticamente erradicado en muchos países gracias a la vacunación, los movimientos antivacunas han llevado a un preocupante aumento de casos. Según la OMS, en 2025 se han confirmado más de 16,000 casos en el mundo, con focos importantes en países como Estados Unidos, Yemen, Pakistán e India. En México, este año ya se han reportado 22 casos confirmados, de los cuales el 86% no estaban vacunados.
El sarampión es una enfermedad viral extremadamente contagiosa, transmitida a través del aire por gotículas al hablar, toser o estornudar. Su capacidad de propagación es alarmante: una persona infectada puede contagiar hasta a 18 personas que no estén inmunizadas.
Muchas personas creen erróneamente que el sarampión solo causa una erupción pasajera, pero esta enfermedad puede traer complicaciones severas, como:
En zonas con acceso limitado a servicios médicos, la tasa de letalidad puede alcanzar el 10%
Contrario a la creencia popular, los adultos también pueden enfermarse gravemente de sarampión, sobre todo aquellos que nunca fueron vacunados o que no completaron su esquema. En México, este año el 18% de los casos confirmados han sido en adultos de 25 a 44 años.
Los síntomas en adultos pueden ser más intensos y llevar a hospitalización. Además, el sarampión durante el embarazo puede causar parto prematuro o complicaciones en el bebé.
La mejor forma de prevenir el sarampión es la vacuna SRP (sarampión, rubéola y parotiditis), que se aplica en dos dosis:
Para adolescentes y adultos no vacunados, se recomienda la vacuna doble viral SR.
En México, la mayoría de los casos de sarampión han ocurrido en personas no vacunadas. Y es que la vacunación no solo protege al individuo, sino que crea una barrera comunitaria que evita la propagación del virus.
Las teorías de conspiración antivacunas han provocado que miles de personas rechacen la inmunización, exponiendo a sus hijos y a toda la comunidad a enfermedades prevenibles. No hay ninguna evidencia científica que relacione la vacuna del sarampión con el autismo, un mito que ha sido desmentido en múltiples estudios.
Cada persona no vacunada representa un eslabón débil en la cadena de inmunidad, lo que permite que el virus resurja y ponga en peligro a las poblaciones vulnerables, como bebés, embarazadas y personas inmunodeprimidas.
Si no sabes si estás vacunado contra el sarampión, revisa tu cartilla de vacunación o acude a un centro de salud. Vacunarse no solo es un derecho, es una responsabilidad colectiva.
El sarampión no es un juego. La prevención está en nuestras manos.
¿Te has vacunado contra el sarampión? Comparte esta información y ayuda a crear conciencia.
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