El dolor abdominal en niños es una de las consultas más frecuentes en pediatría… y también una de las que más angustia genera en madres, padres y cuidadores. No es raro escuchar frases como:
“Le duele la pancita otra vez” o “dice que le duele, pero no sé si es algo serio”.
La dificultad está en que el dolor abdominal puede ir desde algo completamente benigno hasta una urgencia médica, y en los niños —sobre todo los más pequeños— no siempre es fácil interpretar lo que sienten o expresan.
Por eso, más que entrar en pánico o minimizar el síntoma, lo importante es aprender a leer las señales del cuerpo infantil, entender qué suele ser normal y reconocer con claridad cuándo el dolor abdominal sí debe encender una alerta médica.
El abdomen concentra múltiples órganos vitales: estómago, intestinos, hígado, páncreas, riñones, vejiga y una compleja red de nervios. En los niños, estos sistemas aún están en desarrollo, lo que los vuelve más sensibles a cambios leves.
Además, el sistema nervioso infantil aún no distingue con precisión el origen del dolor, por lo que molestias en otros sitios (como garganta, oído o incluso emociones intensas) pueden manifestarse como dolor abdominal.
Por eso, en pediatría, el dolor de estómago no siempre significa que el problema esté en el intestino.
Uno de los diagnósticos más comunes en niños es el dolor abdominal funcional.
Esto no significa que el dolor sea “inventado” o psicológico, sino que no hay una enfermedad orgánica identificable.
Cómo se presenta típicamente
Este tipo de dolor puede estar relacionado con:
Aunque no es grave, sí debe ser evaluado para descartar otras causas y acompañar al niño de forma adecuada.
Existen molestias que, aisladas y transitorias, suelen considerarse benignas:
En estos casos, el niño suele mantenerse activo, con apetito conservado y buen ánimo.
Aquí es donde el enfoque médico cobra mayor relevancia. Existen signos que nunca deben ignorarse, ya que pueden indicar una condición que requiere atención inmediata.
El dolor que no cede, se intensifica o dura varias horas sin alivio es motivo de valoración médica. Especialmente si el niño se muestra inquieto, irritable o adopta posturas para aliviar el dolor.
Este es un dato clave en pediatría.
El dolor funcional rara vez interrumpe el sueño. Cuando ocurre, es necesario descartar causas orgánicas.
La fiebre sugiere un proceso infeccioso o inflamatorio. Junto con dolor abdominal puede estar relacionada con infecciones gastrointestinales, urinarias o procesos quirúrgicos.
Vómitos repetidos, biliosos (verdes) o con sangre no son normales y requieren atención inmediata.
Puede indicar infección intestinal, inflamación o enfermedades que necesitan diagnóstico y tratamiento oportunos.
Un abdomen duro o extremadamente sensible puede indicar inflamación interna. En estos casos, no debe presionarse repetidamente y se debe acudir al médico.
Cuando el dolor abdominal se acompaña de apatía, somnolencia excesiva o rechazo completo de alimentos, es una señal de alerta.
El dolor que se concentra en una zona, especialmente en el cuadrante inferior derecho, puede ser signo de apendicitis, una urgencia quirúrgica pediátrica.
El dolor puede manifestarse como llanto inconsolable, encogimiento de piernas o irritabilidad. Aunque los cólicos son comunes, cualquier cambio brusco debe evaluarse.
Les cuesta describir lo que sienten. El comportamiento y los cambios en hábitos son más importantes que las palabras.
Pueden expresar mejor el dolor, pero también es una etapa donde lo emocional influye. Aun así, nunca debe asumirse que es solo estrés sin valoración médica.
El pediatra no se basa solo en “dónde duele”, sino en:
En algunos casos se requieren estudios, pero muchas veces una buena historia clínica es suficiente para orientar el diagnóstico.
En pediatría, consultar a tiempo nunca es un error.
La evaluación temprana permite resolver problemas simples y detectar a tiempo los complejos.
Un niño con hábitos estables suele tener menos molestias abdominales.
El dolor abdominal en niños es frecuente y, en muchos casos, benigno. Sin embargo, el cuerpo infantil habla con señales claras cuando algo no está bien.
Aprender a reconocerlas permite actuar con serenidad, sin alarmismo, pero con responsabilidad médica. Ante la duda, el pediatra es siempre el mejor aliado para cuidar la salud de tu hijo.
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